Crónica de un guÃa de pesca
Viernes, 02 de Abril de 2010 17:10

Guiar por primera vez puede ser una experiencia tan complicada como sorprendente. Las lecciones que de ella se pueden obtener nos acompañarán por siempre.
MI PRIMER CLIENTE
Reflejos en el agua
Era la primera quincena de enero en medio de las pampas de la zona de Coyhaique, y las condiciones climáticas se habÃan mantenido bastantes estables. Se veÃa una gran abundancia de saltamontes durante todo el dÃa y las eclosiones de insectos -ephemeroptera (mayflies) y palomitas (caddis)- se mantenÃan a la misma hora en las tardes. Estaba nervioso y temÃa que el cliente se dieran cuenta que era la primera vez que guiaba.
Ese dÃa me habÃa levantado temprano, la temperatura del agua a esa hora era de 10° C, muy positiva para la pesca, y las truchas iban a estar muy activas. Lo sabÃa. La jornada prometÃa y eso me alegraba mucho; era importante que las condiciones se mantuvieran durante toda la semana, para asegurar excelentes resultados.
Y ahà en el aeropuerto estaba con mi jefe esperando a mi primer cliente, John Maechling, un gringo de 1.90 m., macizo y con el pelo blanco. Llevaba unos anteojos oscuros y al saludarnos no logré ver su mirada. "¿Se habrá dado cuenta?", pensé. Esta sensación, no muy buena, me llegó al subconsciente, imaginando que él me acosaba con preguntas técnicas que yo no sabÃa contestar. Este tipo de situación debe ser la peor pesadilla para cualquier guÃa.
Resultó ser un caballero muy agradable y educado.
Comenzamos esa misma tarde a pescar a orillas del rÃo. Me preguntó qué mosca debÃa ocupar, sugerà un saltamontes (daves hopper). Mientras yo ponÃa la mosca en la punta de su lÃnea, John tomaba la temperatura; para su asombro, estaba más caliente de lo que acostumbrada: entre los 13 y 14° C. Comenzó a lanzar y me llamó la atención cómo doblaba su muñeca. El trayecto de la lÃnea tampoco era muy homogéneo. Producto de esto sentà peligrar mi integridad fÃsica, por lo que comencé a distanciarme lentamente. Cuando "estrelló" la mosca contra las tranquilas aguas movà la cabeza en signo de desaprobación. Para colaborar un poco más al desastre, recogÃa la lÃnea violentamente, produciendo un gran disturbio en el agua con la mosca.
Para mi asombro, le picó al cuarto de segundo. John, muy contento, me felicitó por la elección de mosca. Yo no lo podÃa creer, debÃa ser suerte de principiante o el pescado no estaba prestando atención. Era un lindo fario de 10 pulgadas, no muy grande, pero si lo suficiente para poner a un cliente feliz con su primera lanzada.
Si bien es cierto su técnica de lanzamiento no era de lo mejor, continuó dando resultado, para mi asombro, por lo que me puse a observar qué estaba haciendo. Mi cliente, ponÃa la mosca en el lugar correcto y la mayorÃa de las veces tenÃa el leader estirado, ambos factores muy importantes, eran correctamente ejecutados, sin embargo, lo que no podÃa entender era la presentación de la mosca, que golpeaba fuertemente en el agua, produciendo un gran disturbio. Me imaginaba que con ese golpe iba a espantar a todo ser viviente a un kilómetro a la redonda (de hecho logró asustarme a mÃ).
Después de un rato de reflexión sin éxito, decidà sentarme y dejar a John solo. Mientras divagaba con el precioso paisaje y los pensamientos en mi polola (al fin y al cabo uno echa de menos), me crucé con la mirada de un saltamontes: estaba en mi pierna y antes que saltara, lo agarré. Sin pensarlo avancé varios metros rÃo arriba y localizando un lugar perfecto, me metà entre las matas y lentamente me acerqué a la orilla (teniendo cuidado de no espantar los peces de mi cliente).
Ahà estaba mi conejillo de indias: una arcoiris de unas 14 pulgadas, pegada contra la orilla, que miraba rÃo arriba. Mi posición era de unos dos metros detrás del pez. Sin vacilar, revisé a mi vÃctima, corté una de sus largas piernas y la lancé. Noté al instante que iba a caer mas atrás con respecto a la trucha, no muy contento me percaté del golpe que produjo en el agua. Quizás no tan fuerte como la mosca del gringo, pero llamó la atención de la trucha. El saltamontes se quedó quieto un segundo, despistando un poco a la arcoiris. Pero cometió un gran error: se puso a saltar con la única pierna que le quedaba, produciendo disturbio en el agua.
Eso bastó para que el pez se percatara y para que con un movimiento rápido y decidido, terminara con la vida del saltamontes. Después de ese gran espectáculo, entendà el por qué de la "técnica" de John. La presentación de la mosca, en este caso el saltamontes, cae al agua produciendo un disturbio que llama la atención del pez. Ahora, que sea tan fuerte, no lo sé. Quizás el pescado que le picó a John tenÃan un problema auditivo.
Lo sorprendente fue el movimiento que el insecto hizo en el agua, tratando de salvarse y salir hacia la orilla. Eso se compara con el movimiento que John daba a la mosca con la lÃnea mientras recogÃa, estimulando a la trucha y engañándola para que se fijara y mordiera la mosca. La duda que me queda es: ¿existirá algún tipo de ritmo especial para recoger la lÃnea? Uno muy rápido y sin pausa podrÃa delatar que la mosca viene atada de algo, espantando al pez; muy lento quizás no logre llamar la atención. Simplemente hay que pensar como un saltamontes que cae al agua y... ¿saltar por el pellejo?
Texto y fotos: Andrés González
Reflejos en el agua
Era la primera quincena de enero en medio de las pampas de la zona de Coyhaique, y las condiciones climáticas se habÃan mantenido bastantes estables. Se veÃa una gran abundancia de saltamontes durante todo el dÃa y las eclosiones de insectos -ephemeroptera (mayflies) y palomitas (caddis)- se mantenÃan a la misma hora en las tardes. Estaba nervioso y temÃa que el cliente se dieran cuenta que era la primera vez que guiaba.
Ese dÃa me habÃa levantado temprano, la temperatura del agua a esa hora era de 10° C, muy positiva para la pesca, y las truchas iban a estar muy activas. Lo sabÃa. La jornada prometÃa y eso me alegraba mucho; era importante que las condiciones se mantuvieran durante toda la semana, para asegurar excelentes resultados.
Y ahà en el aeropuerto estaba con mi jefe esperando a mi primer cliente, John Maechling, un gringo de 1.90 m., macizo y con el pelo blanco. Llevaba unos anteojos oscuros y al saludarnos no logré ver su mirada. "¿Se habrá dado cuenta?", pensé. Esta sensación, no muy buena, me llegó al subconsciente, imaginando que él me acosaba con preguntas técnicas que yo no sabÃa contestar. Este tipo de situación debe ser la peor pesadilla para cualquier guÃa.
Resultó ser un caballero muy agradable y educado.
Comenzamos esa misma tarde a pescar a orillas del rÃo. Me preguntó qué mosca debÃa ocupar, sugerà un saltamontes (daves hopper). Mientras yo ponÃa la mosca en la punta de su lÃnea, John tomaba la temperatura; para su asombro, estaba más caliente de lo que acostumbrada: entre los 13 y 14° C. Comenzó a lanzar y me llamó la atención cómo doblaba su muñeca. El trayecto de la lÃnea tampoco era muy homogéneo. Producto de esto sentà peligrar mi integridad fÃsica, por lo que comencé a distanciarme lentamente. Cuando "estrelló" la mosca contra las tranquilas aguas movà la cabeza en signo de desaprobación. Para colaborar un poco más al desastre, recogÃa la lÃnea violentamente, produciendo un gran disturbio en el agua con la mosca.
Para mi asombro, le picó al cuarto de segundo. John, muy contento, me felicitó por la elección de mosca. Yo no lo podÃa creer, debÃa ser suerte de principiante o el pescado no estaba prestando atención. Era un lindo fario de 10 pulgadas, no muy grande, pero si lo suficiente para poner a un cliente feliz con su primera lanzada.
Si bien es cierto su técnica de lanzamiento no era de lo mejor, continuó dando resultado, para mi asombro, por lo que me puse a observar qué estaba haciendo. Mi cliente, ponÃa la mosca en el lugar correcto y la mayorÃa de las veces tenÃa el leader estirado, ambos factores muy importantes, eran correctamente ejecutados, sin embargo, lo que no podÃa entender era la presentación de la mosca, que golpeaba fuertemente en el agua, produciendo un gran disturbio. Me imaginaba que con ese golpe iba a espantar a todo ser viviente a un kilómetro a la redonda (de hecho logró asustarme a mÃ).
Después de un rato de reflexión sin éxito, decidà sentarme y dejar a John solo. Mientras divagaba con el precioso paisaje y los pensamientos en mi polola (al fin y al cabo uno echa de menos), me crucé con la mirada de un saltamontes: estaba en mi pierna y antes que saltara, lo agarré. Sin pensarlo avancé varios metros rÃo arriba y localizando un lugar perfecto, me metà entre las matas y lentamente me acerqué a la orilla (teniendo cuidado de no espantar los peces de mi cliente).
Ahà estaba mi conejillo de indias: una arcoiris de unas 14 pulgadas, pegada contra la orilla, que miraba rÃo arriba. Mi posición era de unos dos metros detrás del pez. Sin vacilar, revisé a mi vÃctima, corté una de sus largas piernas y la lancé. Noté al instante que iba a caer mas atrás con respecto a la trucha, no muy contento me percaté del golpe que produjo en el agua. Quizás no tan fuerte como la mosca del gringo, pero llamó la atención de la trucha. El saltamontes se quedó quieto un segundo, despistando un poco a la arcoiris. Pero cometió un gran error: se puso a saltar con la única pierna que le quedaba, produciendo disturbio en el agua.
Eso bastó para que el pez se percatara y para que con un movimiento rápido y decidido, terminara con la vida del saltamontes. Después de ese gran espectáculo, entendà el por qué de la "técnica" de John. La presentación de la mosca, en este caso el saltamontes, cae al agua produciendo un disturbio que llama la atención del pez. Ahora, que sea tan fuerte, no lo sé. Quizás el pescado que le picó a John tenÃan un problema auditivo.
Lo sorprendente fue el movimiento que el insecto hizo en el agua, tratando de salvarse y salir hacia la orilla. Eso se compara con el movimiento que John daba a la mosca con la lÃnea mientras recogÃa, estimulando a la trucha y engañándola para que se fijara y mordiera la mosca. La duda que me queda es: ¿existirá algún tipo de ritmo especial para recoger la lÃnea? Uno muy rápido y sin pausa podrÃa delatar que la mosca viene atada de algo, espantando al pez; muy lento quizás no logre llamar la atención. Simplemente hay que pensar como un saltamontes que cae al agua y... ¿saltar por el pellejo?
Texto y fotos: Andrés González
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