El Encanto de una caña
Viernes, 02 de Abril de 2010 17:10

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Después de un buen rato de entretención con los nudos del leader, comenzó un "act" (eclosión) masivo y con eso el rÃo parecÃa como si estuviera hirviendo. Estaban por todos lados, Me volvà loco, jamás habÃa visto algo similar...
EL ENCANTO DE UNA CAÑA
Nos encontrábamos a 30 Km. de Coyhaique junto al rÃo Simpson. Desde la altura del camino, nos asombró la belleza de la tarde, las altas montañas y, obviamente, centenares de lugares perfectos para el estreno de mi nueva adquisición, una caña SAGE N°5 SP de nueve pies, tres tramos, que prometÃa ser un "cañón". Esto nos llevó a discutir todo tipo de técnicas sobre cañas y mentiras (caracterÃstica esencial de un buen pescador).
La conversación nos dejó bien animados, pero a medida que nos encontrábamos con los portones encadenados y los accesos cercados, todo ese entusiasmo se transformaba en tensión e intranquilidad dentro de la camionetas.
Después de varios kilómetros de codazos con Nicollo, Marcelo (ambos colegas mÃos) divisó un puente que cruzaba el rÃo. Ansiosos, cada uno buscaba con la mirada el lugar perfecto. Al estacionar el auto, el relajo cÃnico de cada integrante del grupo se notaba cada vez más. Solo bastó que sacara la caña y pasara la lÃnea a través de los pasadores para que se desatara la maratón y no me habÃa puesto ni los wader (botas largas). Y ahà me encontraba con mis amigos, semidesnudos a orilla del rÃo.
Una presentación pobre
Cuando llegué me dirigà a un tronco que caÃa al rÃo, lo que producÃa un remolino. Era un pozón bastante hondo; eso me llevó a reflexionar, si yo fuera trucha, ahà serÃa donde vivirÃa. Mis amigos no estaban lejos. Me propuse demostrar cómo sacar una buena trucha con estilo y gracia. Decidà poner una lÃnea sumergible con una mosca pesada y negra, más conocida como Wolly Bugger ( mi padre cuestionarÃa mi concepto sobre estilo y gracia).
Tomé mi tiempo. Me posicioné y estudié el trayecto de la mosca. Comencé a lanzar los primeros metros, sentÃa la caña cargando muy bien la
lÃnea, lanzando cada vez más. Olvidándome donde tenÃa que poner la mosca, estaba lanzando prácticamente toda la lÃnea ¿...?, asombrándome el control que tenÃa sobre ella. La caña era un delicia, de acción rápida y muy poderosa.Para comenzar, la mosca se enganchó con la única rama que habÃa. Y para terminar bien el trabajo y espantar bien espantado a la trucha del pozón, me acerqué para cortar el leader, perdiendo toda oportunidad en ese lugar.
Me distancié de mis compañeros, y remonté el siguiente lugar que era una correntada lenta (riffles) bastante larga. Se veÃa algo de acción en la superficie (truchas alimentándose), lo cual me animó mucho. La distancia que habÃa entre las truchas y yo era considerable, pero mi caña y yo estábamos preparados para esto. Decidà cambiar mi lÃnea por una flotante; puse un leader 4x de doce pies (3 a 4 metros). En cuanto a la elección de mosca, opté por una Adams del 14 (unas de las tantas mentiras que se dijo en el auto).
Cuando comencé a lanzar, me esforcé demasiado tratando de llegar a la otra orilla, lo que empobreció la presentación de mi mosca. Como resultado espanté a todo ser viviente con aletas a la redonda. Siendo bien franco conmigo, no distinguÃa con la distancia a la mosca o si el leader (nylon) estaba bien estirado. Insistà con un par de lanzamientos más, pero no daba resultado. Era frustrante la situación. TenÃa una caña nueva y no lograba sacar ni un pez, el único resultado era espantarlos; decidà sentarme y relajarme con el infaltable pucho.
Después de un buen rato de entretención con los nudos del leader, comenzó un Act. (eclosión) masivo y con eso el rÃo parecÃa como si estuviera hirviendo. Estaban por todos lados, Me volvà loco, jamás habÃa visto algo similar y sin perder más tiempo comencé a lanzar, esta vez reduje a la mitad mi distancia, pero tampoco me dio resultado. La mosca llegaba donde las truchas pero la presentación de la lÃnea seguÃa siendo brusca en el agua.
¿Por qué no picaba ?
Estaba que rompÃa la caña de rabia, realmente no entendÃa que pasaba. Para empeorar mi situación comenzó a oscurecer y ahora el problema no era la mosca sino la lÃnea, se perdÃa, o sea yo la perdÃa de vista, siendo esta la última ayuda que tenÃa para lograr distinguir la mosca o por último, si se detenÃa me daba la esperanza de que habÃa picado.
Los escuchaba burlándose de mà y yo no sabÃa si iban a mi mosca o no. Era desesperante lanzaba para todos lados y no pasaba nada. Comencé a sentir que estaba perdiendo mi tiempo y que me habÃa dedicado a lavar la lÃnea toda la tarde. Comencé a lanzar muy cortito a uno 10 metros logrando asà un mejor contacto visual con mi mosca, inmediatamente logré resultados, pescando una pequeña pero preciosa arco iris; al fin y al cabo era lo mejor del dÃa. Logré ensartar a dos truchitas más una farillo la otra arcoiris. La noche comenzaba a caer y yo estaba satisfecho por que no habÃa quedado zapatero.
Ya casi resignado por la poca luz que quedaba, comienzo a lanzar toda la lÃnea para ordenarla en el carrete. Sigo la lÃnea con la vista y a lo lejos escucho una trucha caer al agua (según yo). Tiro de la lÃnea, al fin y al cabo la esperanza es lo último que se pierde, y al instante siento la presión de la trucha en la caña. En un comienzo no le di mucha importancia... seguramente era otra truchita, me dije.
Tranquilamente, seguà recogiendo la lÃnea. De repente sentà un buen tirón, lo que me extraño mucho, pero cedió rápidamente, haciéndome la tarea de recoger la lÃnea muy fácil. Con un par de metros para terminar enrollar la lÃnea, sorpresivamente el pez se asustó al verme y comenzó a escapar. Yo, impresionado por la intensidad con que mi carrete sonaba, comencé a sentir la adrenalina en mi cuerpo. Me sacó hasta el backing. Cuando paró, yo estaba totalmente atónito, pero comencé a enrollar rápidamente. La pelea duró unos 10 minutos. Para mi sorpresa, era un arco iris de 16 pulgadas (45 a 50 cm). Pensé que iba hacer más grande por la forma que peleó, pero no me quejo, ya que habrÃa sido imposible terminar mejor la jornada.
Mientras caminaba de vuelta, iba pensando: me habÃa olvidado que estaba en ese lugar para pescar y no sólo para lanzar la caña. Y la segunda reflexión fue: que frágil es la memoria. Bastó una sola trucha para que olvidara todo mi enojo, lo cual no me perturba en los mÃnimo, incluso me agrada que sea asÃ.
Texto Andrés Gonzaléz
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