Uno de los miembros del equipo de GoChile fue invitada a cabalgar por la pre cordillera santiaguina y esta fue su experiencia.

Cuando nos preguntan qué hacer en Santiago, generalmente la respuesta tiene que ver con museos, paseos en bicicleta, arte callejero, restaurantes y vida nocturna, pero en la región metropolitana hay mucho más que panoramas urbanos. La capital de Chile está rodeada por la Cordillera de los Andes, y eso es un privilegio que muchos santiaguinos sabemos aprovechar, pero que la mayoría de los visitantes desconocen.

Es posible desconectarse del ruido y el ajetreo de la ciudad por una tarde haciendo trekking o cabalgando en sitios que están a menos de una hora de Santiago. Así nos lo demostraron nuestros amigos de AndoAndes quienes nos invitaron a probar una de sus actividades outdoor cerca de la capital.

El transfer nos recogió a las 9:00 am y tardó tan sólo 30 minutos en llegar al establo donde partimos la cabalgata. Una vez en el lugar, nos recibió Orlando, el arriero que se encarga de cuidar a los caballos  que nos llevaron a pasear.

Orlando cuida a sus caballos con amor y los conoce bien. Entre él y Pancho, el guía de Ando Andes, nos entregaron un caballo a cada uno según nivel de experiencia. Éramos un grupo de 9, cinco turistas de Estados Unidos, el guía, Orlando, Francisca de Ando Andes y yo. A mi me dieron uno de los mas mansitos, Duro de Olvidar, un caballo cafecito con peinado punki. 

Antes de partir la cabalgata Orlando nos dio las instrucciones para andar a caballo. Nos explicó como girar a la derecha, como girar a la izquierda, como frenar y qué hacer para avanzar. Nos arregló los estribos y partimos. Subimos por el sendero con el monte a un lado y la ciudad al otro.  

Mientras cabalgábamos Orlando me contaba que a Duro de Olvidar (mi caballo) no le gustaba ser adelantado por otros, y que por eso cada vez que alguien quería pasarnos él se ponía a trotar. También me decía que no le gustaba caminar mucho y que por eso andaba lento cuando nadie lo molestaba. Me gustó que el arriero supiera esos detalles sobre el caballo, me hizo sentir segura. Además  me confirmó que el hombre se preocupa por cada uno de sus animales y cómo animalista para mi ese es un factor muy importante.

Después de tres horas de cabalgata suave llegamos a la cima donde nos sentamos a la sombra a comer el almuerzo proporcionado por Ando Andes. Desde allá arriba se logra divisar el Cerro el Plomo y su glaciar, una vista poco común desde los cerros más visitados en Santiago. También se ve la ciudad y la cordillera de Los Andes en su máximo esplendor. Mientras comíamos tuvimos la fortuna de ver dos cóndores volando que nos acompañaron un buen rato hasta que decidieron volar hacia otro lugar.

La bajada fue un poco más corta, tardamos 2 horas aproximadamente y cuando llegamos abajo estaban esperándonos un delicioso vino chileno, cervezas heladas y un picoteo para compartir, y así lo que fue una tarde en Santiago se sintió como un día completo en lo más profundo de la cordillera, una experiencia que recomiendo a cualquier amante de la naturaleza con ganas de escapar de la ciudad. 

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