Sewell, el pueblo fantasma, fue un asentamiento minero de gran reconocimiento hace un siglo atrás. Hoy es patromonio de la humanidad y uno de los atractivos turísticos más solicitados cerca de Santiago.

Hace poco más de un siglo atrás el estadounidense William Bradem, apodado “el gringo”, fundó la ciudad perfecta en la cordillera de los Andes. Un campamento minero de empinadas escaleras y casitas de colores donde se vivía de lujo gracias a las últimas tendencias que llegaban desde Estados Unidos y Europa.

Hoy Sewell es un viaje al pasado, pero paradójicamente en sus años de gloria, el pueblo minero era un pequeño vistazo al futuro.  La fundación de Sewell comenzó en 1905, cuando el Gobierno de Chile le dio la autorización a William Bradem para explotar el yacimiento de cobre subterráneo más grande del mundo. La prosperidad de El Teniente, financió la creación de un asentamiento de 175 mil m2 donde se construyeron edificios habitacionales, una iglesia, un hospital, una piscina temperada, un club, un teatro y hasta un cinematógrafo.

El trabajo era duro y el inhóspito clima de la cordillera no era fácil de soportar, pero la calidad de vida que entregaba Sewell en la época era tan alta, que muchos Rancagüinos preferían dejar la ciudad y subir a trabajar en la mina mina para poder aprovechar las bondades del asentamiento.

Era tal la vida que se llevaba en la alta montaña, que durante las vacaciones los trabajadores no bajaban a visitar a sus familiares, si no que invitaban a sus familias a subir a Sewell para que ellos también pudiesen disfrutar de la piscina temperada y de ese extraño pero popular juego entre los gringos, llamado bowling.

Actualmente de esa buena vida sólo quedan vestigios. Sewell es hoy un pueblo fantasma, aunque bien mantenido. 50 de sus recintos originales están aún en pie, incluyendo el bowling y la piscina temperada que se ven intactos.  Los departementos están vacíos, pero al caminar por las escaleras desiertas, se percibe que hay otra cosa, además de los edificios y la nieve, que te hace sentir como en una escena del clásico de Kubric “El resplandor”.

Cuenta la leyenda de Sewell, que a las 3 de la mañana, en las noches más frías, aparece la novia flotando por las escaleras. Un día de 1953, ella se vistió de blanco para caminar por esas mismas escaleras con su futuro novio. Pero el hombre nunca se presentó. Su prometido había fallecido un día antes al interior de la mina. Se dice que la mujer murió un tiempo después y que su alma sigue en vela.

Actualmente es posible visitar este pueblo fantasma único en su especie. Denominado Patrimonio de la Humanidad, cuenta con un museo y tiene sus puertas abiertas para recibir a aquellos que suben en tour.

Por medidas de seguridad, no es posible visitar Sewell en auto de manera particular. Para llegar, hay que contratar un tour a Sewell cuyos horarios dependen del lugar de salida. Es posible tomar el bus en Santiago o en Rancagua. GoChile tiene un tour disponible que incluye la entrada al Museo de la Gran Minería del Cobre y el almuerzo.

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